Calendario

Septiembre 2017
LunMarMierJueVierSabDom
 << < > >>
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930 

Anuncio

¿Quién está en línea?

Miembro: 0
Visitante: 1

rss Sindicación

Mar082013

00:34:25

EL SÍNDROME DE MAMÁ OSA (PARTE PRIMERA)

 

El mundo que late en torno a la verja de los colegios (ojo, da igual que sean públicos que concertados, aquí no vamos a politizar), es de lo más variopinto. Es colorido, folclórico, indiferente, pedante, cateto, pasota, histriónico, exagerado, cotilla, criticón y también normal, pero menos.

Cualquier padre con hijos en edad escolar que me lea y que haya pasado más de cinco minutos esperando a su niño a la puerta del cole creo que me entenderá. Y si no lo entiende, es que ha estado poco, o estaba engachado a la Ipod. También existe otra posibilidad, y es que pertenezca a uno de los temidos clanes que dominan la hora de entrada y salida de clase.

Porque sí, aunque no lo crean, este es un submundo aparte. Alguien lo ha definido como una dimensión paralela. Lo es, dependiendo con quién te juntes. En este caso, si tienes mala suerte, yo lo definiría más como un agujero negro: como caigas en él te engulle y no hay forma de salir. Bueno, sí hay forma, pero sales como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando.

Existe un clan supremo que es el de madres que padecen el Síndrome de Mamá Osa. Un grupo de mujeres jóvenes que creen que sólo ellas tienen hijos (los restantes 600 niños del cole son hologramas). En realidad hay varios grupos similares, pero, como en la Naturaleza, funcionan todos igual, con las mismas pautas de comportamiento. Es lo que hasta ahora se venía denominando los “corrillos de verja” que tanto acojonan a los profesores (no me extraña), pero yo que soy más benévola, voy a llamarlas el Clan de Las Osas Cavernarias.

Son grupos aparentemente estupendos, divertidos, que se juntan a tomar café por las mañanas para coger fuerzas antes de emprender las tareas domésticas o la confección de tartas de diseño de Hello Kitty, y mientras hacer un repaso a las ofertas del Ahorra Más, a los disfraces de Navidad o carnaval, y a la profesora de Pepito. Eso, estando de buenas. Cuando están inspiradas se pasan una hora explicando cómo se cocina una lombarda, y si están literarias el protagonista es el Señor Grey con todo su abanico de poses seductoras y cachetes en el culo. Estando de malas... Lo cuento más adelante.

Los Clanes de las Osas Cavernarias controlan todo, y no dejan títere con cabeza. Si eres una persona normal que solo te preocupas por ir a llevar y recoger a tu retoño sin más miramientos al entorno, estás salvado. Eso sí, eres el rarito del cole, no perteneces a la comunidad. Si vas a recoger al crío y hablas del tiempo con el de al lado, eres rarito pero “majo”. Suerte, sigues estando salvado. Si tienes algún conocido, amigo o mantienes buena relación con alguien, ¡alerta! Estás empezando a ser abducido por la Mafia de la Verja, a no ser que se sea amigos de antes, pero confianzas, las justas. Las posibilidades de ser poco a poco fagocitado por alguno de los clanes van siendo aumentadas. Si un día caes en la tentación de ir a tomar un café, te cae bien el grupo y cometes el error ¡craso error! de entrar a formar parte de él de pleno derecho, te acompaño en el sentimiento. Estás perdido. Y acabado. Solo es cuestión de tiempo.

Puede parecer que estoy exagerando. Puede ser. Hay grupos estupendos (aquí iría un emoticón con ojos mirando de soslayo), pero la experiencia de años confirma que los clanes de Osas Cavernarias son como su propio nombre indica, depredadores.

Todo empieza muy bien. Muy buen rollo, muchas risas, alguna queja sobre una tercera malvada que no puso los diez euros para el regalo de cumpleaños de Perenganito, que el incipiente grupo neutraliza apoyando a la osa quejosa con denuedo... En el clan está la que siempre habla, todo lo hace bien y su vida es perfecta. Es la Mujer Alfa y así lo avala su máquina de coser. Sus disfraces de Mozart Niño siempre reciben el primer premio en Carnaval. Luego se encuentra la que siempre está mala y cuenta sus dolores desde la raíz del pelo hasta las uñas de los pies y se sabe todo el Vademecum y el código de los volantes de la Seguridad Social; después la que siempre asiente a todo: “¿A que Puri es muy mala?”, “Sí muy mala”. A los dos días “Jo qué maja es Puri”- “Es verdad, es muy maja”; La que dice “yo no hablo de eso porque no me interesa”. Y, oye, no se habla; la que se expresa como ochenta decibelios más alto que el resto de la cafetería y sabe de todo, desde quien mató a Bin Laden hasta del precio de las chufas. Y finalmente, la que mira estupefacta al resto pensando qué narices hago yo aquí, ah coño, tomando un café “con sacarina por favor”.

La cosa sigue adelante y se forma por defecto un grupo de wassap con intercambio diario y estresante de mensajes y fotos varias de niños, perros, vacaciones, chistes, inundaciones del salón, videos y conversaciones... Todas se van haciendo idea de cómo es cada una de las otras, pero se guardan muy mucho de decirlo, al menos a la cara. Pero pasado el tiempo y como cada quién es cada cual y cada hijo es de su madre, hay cosas que van minando ese buen rollito cavernario. La supervivencia en el entorno es clave. Y comienza el sutil acoso a quien molesta.

Aunque parezca un tema frívolo, os aseguro que no lo es, en absoluto. Conozco casos de gente, y no es broma, que tuvo que sacar a su hijos del centro por no aguantar la presión de los clanes de osas cavernarias. Críticas, miradas, vacíos, insultos a sus pequeños por parte de los oseznos por simples malos entendidos, o por lo más antiguo que sufre la Humanidad, la envidia cochina.

Esto funciona así. Una de las mamás osas, aburrida o atacada de los nervios se inventa una historia porque Fulanita ha dicho “tal”, por ejemplo: “Yo no leo Las sombras de Grey porque me parece un libro malo”. Eso le sienta como el culo porque para ella las aventuras del Señor Grey es su libro de cabecera. Como Fulanita, antes tan maja, hace tiempo que ya me cae regular por pedante, lo exagero, lo cuento al clan e inmediatamente comienza el feedback de enervamiento progresivo y, ante el humeante café matinal, se empiezan a atar cabos de por qué Fulanita aquel día no vino, o se puso el sombrero del revés, o le dolía la cabeza porque tenía remordimientos de conciencia: "claro, claro, es eso, fijo, fijo", claman todas al unísono dándose besos, abrazos y palmaditas en los orondos brazuelos. A continuación, como si las sinapsis de sus dendritas estuvieran uniconectadas en un solo cerebro, se monta el operativo para comenzar el linchamiento, sutil al principio, a alaridos si no surte efecto la sutileza y se ve que Fulanita no se da por aludida.

La ignorante mamá, no porque sea inculta, sino porque no sabe lo que se cuece a sus espaldas, espera un día como una tonta al clan para charlar o tomar un café y no aparece nadie. No le da importancia y se lo toma sola, al tercer día de plantón va y pregunta y le cae la del pulpo. Como estamos hablando de osas me viene a la cabeza aquella mítica imagen de El hombre y la Tierra de Félix Rodríguez de la Fuente donde un oso intentaba arrancar un árbol. Así, pero la cabeza.

En los tiempos que corren, vamos a suponer que todo esto ocurre además a través de wassap, lo que complica aún más las cosas. Porque a la impersonalidad del artefacto, la falta de matices del lenguaje escrito, el escandaloso flujo de faltas de ortografía: "Haber porke me tienes que pedir esplicaciones"; "Tu nunca bienes con nostras", la foto de un gatito canturrón o un chiste verde que cuela entre medias alguna osa despistada , y el texto predictivo que también acaba opinando del tema: "No se por que libros toman hamas las cosas jamon", se monta tal pifostio que la crucificada acaba estrellando el móvil contra el suelo con el consiguiente cabreo del marido y la alegría de Apple.

Luego llega el cara a cara. Enfretamiento que no le deseo ni a Rocky Balboa. Seguramente éste preferiría mil veces enfrentarse al ruso ese cuatro por cuatro que al clan de las osas cavernarias. Os lo digo yo. Fulanita intenta tranquilamente razonar y entender algo de lo que ha pasado. No hay manera, aquello es una sucesión de gruñidos y alaridos en los que es imposible meter una de canto. Y total, "¿pa qué?"*, todo lo que pueda llegar a decir va a ser tomado como una ofensa enorme, e inmediatamente utilizado en contra suya que va a ratificar aún más lo que las osas piensan de ella.

No hay perdón. Ya es una proscrita. Está fuera del clan. Pero... ¡ay! Ella no puede irse por propia iniciativa, ¡no! tienen que echarla Ellas, porque si decide no estar más en el grupo tras la andanada de hostias virtuales y verbales, es que es una susceptible que solo sabe hacerse la víctima. El Gran Consejo de Osas aprueba tácitamente que no es digna del clan en el mismo momento en el que Fulanita, que a partir de ahora ya es Fulana, decide no volver a tomar café con el clan y abandonar escopetada el grupo de wassap. Es oficial. El Agip Prop se pone en marcha y el mal rollo aplasta el ambiente sobre el entorno del colegio a las horas punta como si fuera la boina negra de la contaminación de Madrid.

No hurgaré más en la herida.

Debo decir para descargo de muchas mujeres buenas, inteligentes y abnegadas, tanto trabajadoras como amas de casa y ambas cosas, que esto no pasa siempre, que hay grupos de madres encantadoras que pasan de rollos y que se toman sus cafés sin meterse con la vecina. Que se ayudan unas a otras, que son estupendas, pero que son las que menos destacan. Estas osas buenas son las que tenían que dominar los coles las verjas y los clanes, porque el futuro de nuestros oseznos dependen de ello.

En la segunda parte, explicaré por qué.


*Término tomado prestado de mi amigo Santiago Fernández Málaga

 

 


 


 



Admin · 3361 vistas · 8 comentarios
Categorías: Primera categoría

Vínculo permanente hacia el artículo completo

http://laqueestacallando.hazblog.com/Primer-blog-b1/EL-SINDROME-DE-MAMA-OSA-PARTE-PRIMERA-b1-p3.htm

Comentarios

Este artículo no tiene Comentario por el momento .....


Escribir un comentario

Estatuto de los nuevos comentarios: Publicado





Se mostrará tu URL


Por favor introduce el código contenido en las imágenes.


Texto del comentario

Opciones
   (Salvar el nombre, el mail y la URL en los cookies)